La primera vez que me emborraché de verdad de la buena fue a base de güisqui con cola. Vino uno de tus amigos y lo trajo a nuestro nido de romanticismo (porque creo que de amor había poco). Bebí sin control porque volví a cuatro patas subiendo aquella cuesta llena de piedras. Se te ocurrió entonces llevarme al saco de la patata hasta el metro. Llevar al saco de la patata es una expresión que a veces la gente no entiende, como “coger en cuello” o “ser un repunante”, sólo que aquí es tan gráfico que me ofende tener que explicarlo.
Tengo grabado en la memoria ese día, o mejor, esa noche, porque siempre me pareció una metáfora de lo que fuimos : algo tan romántico, pero tan garrafón para no poder llevar un camino recto. La vida adora llevar ese camino recto, aunque una y otra vez estemos tú y yo intentando torcerlo.
Ayer volví a beber güisqui con cola.
Es un crimen, o eso decías, beber güisqui con nada que no sea agua y hielo, pero es que a estas alturas puede que sea una criminal. Poco me importa lo que se debe o cómo se debe hacer. Está tan lejos el camino recto, yo me rindo, ¿y tú?
No sé en qué estante ni detrás de qué bebida te dejé, ni con qué lo mezclarías, ni con quien lo tomarás. No sé donde estás ahora para no querer llevarme al metro, pero el güisqui de ayer no era garrafón.
Y eso es lo único que me importa.





Yo bebí muchas cervezas todos estos meses. Y no le echo muchas cuentas a las que no me bebí, ni me preguntó dónde se quedaron ni porqué. Sólo me importa tomármelo con la persona adecuada. Eso es lo único que me importa. A veces no se consigue.
Otras sí : ) Si estás con la persona correcta, vale la pena emborracharse, aunque el güisqui no haya quién se lo beba (ni con cola, ni sin ella, ni con nada de nada… ¿cómo te atreves a no emborracharte con ginebra? : P)
Hay que tener mucho cuidado con el Whisky con cola! jeje