¡Qué destino tan cruel!

Ya no hay cantares de gesta,

ni amor cortés, ni caballeros

andantes, ni honor,

pero todavía nos quedan las fajas,

Los sujevalores feudales y prejuicios

victorianos.

¡Qué destino tan cruel!

Ya no nos hablan de usted

ni pasamos ni nos sentamos primero.

Ya no caímos del cielo

ni redimimos al caballero.

Pero todavía nos diagnosticamos histeria

cuando dicen que nos acercamos

al síndrome premenstrual.

Nos metemos en la competición,

nos armamos como fieras.

¡Qué destino tan cruel!

¡Ya no hay flores!

¡Ni dulces, ni protectores!

Pero participamos en las elecciones,

condenadas a abrir la boca,

sin ser escuchadas,

rompiendo el molde de años pasados,

siendo juzgada, por un tribunal inquisidor

que siempre dice

Que te quejas,

que no avanzas

Que la lucha es un fracaso desde

Su inicio.

¡Qué destino tan cruel para nosotras

que dimos luz a todos los pueblos!