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Estoy cansada de tener que justificar cada dos por tres la importancia que tienen los movimientos feministas en la mitad de las conversaciones que tengo. Es cierto, se me escapa a veces cierta alegría cuando alguna mujer saca un trabajo nuevo que no conozco. Es cierto que eso también puede ser un tipo de prejuicio o discriminación.

Puede parecer, al menos a simple vista, que no es necesario plantearse este tipo de cosas…
porque hay algunas mujeres que pueden vender un disco sin salir en un videoclip en ropa interior.
porque podemos votar en algunos países que, generalmente, nos rodean.
porque las mujeres no tienen que entregarse a manos de alguna religión para formarse intelectualmente en algunos lugares del mundo.
porque la violencia sexista intenta compararse con cualquier otro tipo de violencia.
porque Cecilia Böhl de Faber ya no tendría que firmar Hernán Caballero.

Sí, hay cientos de porqués que tenemos que agradecer, entre otros, a los movimientos feministas.

Pero no se lo crean. Hay otros cientos de para qués que están por resolver. He encontrado un caso muy gráfico y tan reciente  que me indigna lo suficiente como para intentar escribir unas líneas.

Es el caso de la escritora Pola Oloixarac.  Estoy leyéndome su primer libro (al menos bajo este pseudónimo), Las teorías salvajes. Quizá porque es demasiado reciente y porque no estoy acostumbrada a las lecturas de contemporáneos tan contemporáneos  no he dejado de leer críticas al respecto, cosa que suelo evitar por si condiciona de alguna manera mi lectura. Y lo está haciendo.

El libro no está nada mal, tiene muchas cosas de las que me gustaría hablar antes de señalar que su escritora sea una mujer como son su tiempo narrativo, lo fluido de sus diálogos, las perspectivas que toma o todo el entramado que no me resulta muy artificial.  Cuando me lo pueda terminar decidiré si es una mierda o una estrategia de marketing, pero ya me habré roto la cabeza durante horas porque su escritora es una mujer porque escucho por ahí que una de las primeras reacciones de la crítica – la misma que no sabe diferenciar la voz del narrador de la del autor- fue atribuir esta obra al escritor argentino Rodolfo Fogwill. Entonces se entendió como su gran obra dentro de su contexto literario. Se la habría cedido a esta pobre chica, porque es muy linda y muy joven. La valoración crítica tan positiva de Fogwill sobre la obra se explicaría sola. ¡Qué argumento tan triste y tan débil!

Y es que Pola Oloixarac es una mujer bonita, inteligente y escribe. Escribe como un hombre. No es la primera vez que leo esto, pero aún así me escandaliza. Tampoco es una novedad de nuestro siglo llegar a dudar si una escritora es realmente una mujer porque escribe como un hombre.

Es gracioso que siempre estén revolviéndonos con que pretendamos crear la competición contra los hombres y que no se trata de eso, porque eso no es necesario, ni lo ideal.

¿Competir? Ojalá. No competimos. No nos dejan competir. Sólo estamos  hartas de golpear la puerta de su club literario, cultural y político.

No sería de todas maneras muy llamativo que a algunos críticos literarios se les haya ido la cabeza. No sería nada nuevo, cero novedad. Quizá si queréis estos comentarios no serían ni siquiera sexistas, sólo alguna locura de algún intelectual que ya ha quemado sus pilas y tiene que mear fuera del tiesto para decir esto. Podría, aunque lo dudo. Entonces me encuentro por la red comentarios (de lectores, esta vez) que hacen alusión a lo guapísima que es esta chica. En un programa de radio (que por lo pronto promete) la única pregunta  de un oyente es  porque sale en fotos como de Cosmopolitan ¿Por qué encima tiene que ser guapa y presumir de serlo? Aunque ella ha dado una explicación para esto, paso directamente de comentarlo porque hasta aquí podíamos llegar.

Y el reduccionismo básico que estamos esperando y que cito directamente de los comentarios de lectores de La Casa del Libro.

“Un producto más de la mercadotecnia que se está comiendo la literatura. Mujer guapa tema sexual = best seller seguro. Qué poco respeto al lector.”

No se lo crean. Igual Mary Ann Evans tendría que ser George Eliott aún a día de hoy. Así al menos se hablaría de su libro y no de los fenómenos paranormales que provoca su publicación y no su lectura.

Me encantaría saber qué pensarían ciertos críticos literarios si yo comentase una obra de un adorado escritor al que prefiero no mencionar llamándolo “Gordo sexista e intelectualoide”. No, debería traducirlo en que se podría meter la mitad de sus adjetivos por el culo y su obra ganaría bastante. Quizá pudiera  comentar que cierto escritor escribe como una mujer. ¡Cuidado! Es la trampa. Esto nos convertiría en esas feministas que pintan ladrando contra cualquier cosa que tenga pene –pene, sí, ya saben. No podemos derrumbarnos hasta este mismo nivel, aunque le apetezca mucho a una hablar mal, nadie iba a ganar nada así. Además ¿cómo qué mujer iba a escribir un hombre si cuando una mujer escribe tiene que ser un hombre?

Aún así, puede parecer bastante estúpido alegrarse cuando una ve que hay mujeres normales en las series de televisión o que hay mujeres que producen películas que escribieron otras mujeres. No estamos pidiendo que nos representen un mundo ideal, ni que nos dejen un huequito en la danza de la cultura para que podamos hacer algo. Sólo queremos que nos dejen estar donde tenemos que estar.

Sin más.

Y así habrá un día en el que no haya que comentar el sexo de ningún artista, porque pueda realmente carecer de toda importancia.

Un puzzle de más de mil piezas,

No contable, nombre propio,

Sucesión finita

De días en las XII tablas.

Sin dominar, toda la bóveda celeste

Juega a encajar en un sistema

Que es mentira,

Ni mito, ni teoría,

Mentira.

Se contrae y se expande

según la temperatura,

según la gracia

Y la desgracia.

Se cuenta, pero no se cuenta.

Se cuenta, pero no se tiene

En cuenta.

Un invento, un engaño,

Un cuento.

Nos pisan botas con punta de acero,

pero a velocidad relativa

se desgastan los huesos.

Y la esperanza es un cómplice fiel.

Borra las posibilidades con ideales,

Las oportunidades son casi victoria

con la paradoja de vivir esperando

Poder vivir.

Estoy bastante petada y no escribo aquí desde hace siglos, pero todo sea por la difusión , por si algún lector extraño llegara a este blog que leyera esto.

Es increíble que se censuren algunas cosas en Youtube y luego tengamos que tragarnos algunos anuncios en la tele para todos los públicos. Debéis firmar esta petición. Por este documental sobre la homosexualidad en Irán se pueden cargar a Kiana Firouz cuando regrese a su país. Ser homosexual en Irán es castigado con la …muerte, grabar un documental sobre ello debe de ser delito con alevosía o algo así. Ella pide asilo político en Inglaterra y se lo niegan. La petición parece un poco cutre porque no necesita casi información, pero no se pierde nada y es sólo un minuto. Firmad aquí : http://www.petitiononline.com/kianaf/petition.html
y pasadlo por ahí.

Lo bueno si breve…

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